Hay síntomas de la mediana edad que las mujeres nombran sin dificultad: los sofocos, el insomnio, los cambios de humor. Y hay otros que se quedan en silencio, que se normalizan como si fueran inevitables, o que simplemente no se mencionan, por desconocimiento o por vergüenza.
Lo que sucede con el suelo pélvico en la menopausia entra con frecuencia en esa segunda categoría.
Las pequeñas pérdidas de orina al reír o al saltar. La sensación de pesadez pélvica al final del día. La sequedad o el malestar en las relaciones íntimas. La urgencia para llegar al baño que antes no existía. Muchas mujeres conviven con estas experiencias durante años sin saber que tienen una causa hormonal concreta y que hay formas reales de abordarlas.
Estas líneas son para ellas.

Qué es el suelo pélvico y por qué importa más de lo que parece
El suelo pélvico es un conjunto de músculos, ligamentos y tejido conectivo y forma la base de la cavidad abdominal. Sostiene la vejiga, el útero y el recto, controla los esfínteres urinario y anal, participa en la función sexual y contribuye a la estabilidad de la columna y la pelvis.
No es un músculo menor ni una estructura secundaria. Es parte del sistema de sostén central del cuerpo. Y, como tal, cuando se debilita, las consecuencias se notan en muchos aspectos del día a día, no solo en el control urinario.
El suelo pélvico en la menopausia es especialmente vulnerable porque los estrógenos desempeñan un papel directo en su mantenimiento. Participan en la producción de colágeno de los tejidos pélvicos, en la elasticidad de la mucosa vaginal y uretral, en la vascularización de la zona y en el tono muscular. Cuando sus niveles caen, todo ese sistema recibe menos soporte hormonal.
Por qué cambia el suelo pélvico en la menopausia
La insuficiente estimulación de los receptores de estrógeno y progesterona a nivel de la uretra, como consecuencia del descenso de la actividad hormonal ovárica, produce la disminución del tono muscular del suelo pélvico y el acortamiento de la uretra. Esto favorece una mayor incidencia de infecciones del tracto urinario, del síndrome uretral y de la incontinencia urinaria.
A esto se suman otros dos factores que actúan en paralelo. Por un lado, la pérdida de masa muscular general que acompaña a la menopausia también afecta a la musculatura pélvica. Algunos estudios señalan que el grosor del músculo que cierra la uretra se reduce aproximadamente un 3% cada año en mujeres mayores.
Por otro lado, el tejido colágeno de sostén, que da estructura a los ligamentos y fascias pélvicas, también se deteriora con la caída de estrógenos.
El resultado es una zona que tiene menos fuerza, menos elasticidad y menos capacidad de respuesta ante los aumentos de presión abdominal: al toser, al estornudar, al saltar, al reír.

Lo que muchas mujeres notan y pocas veces mencionan
Los síntomas relacionados con el suelo pélvico en la menopausia son variados y no siempre se presentan juntos:
- Incontinencia urinaria de esfuerzo: pérdidas de orina al toser, reír, estornudar o hacer ejercicio. Es el síntoma más frecuente y el que más mujeres normalizan como algo que pasa con la edad.
- Urgencia miccional: necesidad repentina e intensa de orinar, a veces difícil de controlar. Puede combinarse con pérdidas, lo que se conoce como incontinencia mixta.
- Sequedad vaginal y malestar en las relaciones: la atrofia de la mucosa vaginal que acompaña al descenso de los estrógenos puede causar picor, escozor, dolor durante el coito e infecciones vaginales o urinarias de repetición.
- Sensación de pesadez o de presión pélvica: puede indicar un descenso de alguno de los órganos pélvicos. No siempre implica un prolapso grave, pero sí merece evaluación profesional.
- Dificultad para retener gases o heces: menos frecuente, pero también relacionada con la función del suelo pélvico.
Ninguno de estos síntomas es inevitable. Y ninguno debería normalizarse sin más.
Qué puede ayudar al suelo pélvico en la menopausia
La buena noticia es que el suelo pélvico en la menopausia responde bien a la intervención cuando se aborda de forma adecuada y a tiempo.
Fisioterapia especializada en suelo pélvico
Es la herramienta con más respaldo y la que más diferencia marca.
Una fisioterapeuta especializada puede evaluar el estado real de la musculatura pélvica y diseñar un trabajo específico, que no siempre consiste en apretar más: en algunos casos el problema no es debilidad, sino hipertonía. Es decir, un músculo demasiado tenso que tampoco funciona bien.
Hacer ejercicios de Kegel sin una evaluación previa puede no ser la respuesta adecuada en todos los casos.
Entrenamiento de fuerza general
Como ya hemos visto en otros artículos, el trabajo de fuerza preserva la masa muscular en toda la estructura corporal, incluyendo la pélvica.
Ejercicios como las sentadillas profundas, el peso muerto o el puente de glúteos trabajan de forma indirecta la musculatura de la zona y contribuyen a su función.
Hábitos que reducen la presión sobre el suelo pélvico
El estreñimiento crónico, el sobrepeso, los esfuerzos al defecar y cargar peso de forma incorrecta son factores que aumentan la presión intraabdominal de forma repetida y aceleran el deterioro de la zona.
Abordarlos forma parte del cuidado del suelo pélvico en la menopausia.
Tratamientos médicos cuando son necesarios
La terapia hormonal local, en forma de crema u óvulo vaginal de estrógenos, está especialmente indicada para los síntomas genitourinarios: sequedad, irritación, infecciones de repetición.
Actúa de forma local, con mínima absorción sistémica, y tiene un perfil de seguridad diferente al de la terapia hormonal sistémica. Es una opción que muchas mujeres no conocen y que merece conversarse con el médico.

El tabú que cuesta caro
Hay algo paradójico en cómo se trata el suelo pélvico en la menopausia en nuestra cultura.
Es una estructura que afecta a funciones tan básicas como orinar, defecar y tener relaciones sexuales. Cuando no funciona bien, impacta en la autonomía, la comodidad, la vida social y la autoestima. Y, sin embargo, se habla de ello en voz baja, si es que se habla.
Muchas mujeres tardan años en ir a consulta. Algunas dejan de hacer deporte para no tener escapes. Otras evitan situaciones sociales o reducen su vida sexual. Todo eso tiene un coste real en su calidad de vida.
Lo que es frecuente no siempre es normal. Y lo que es tratable no debería dejarse pasar.
Suelo pélvico en la menopausia: una parte más del cuerpo que merece atención
Cuidar el suelo pélvico en la menopausia no es una cuestión de vanidad ni de perfeccionismo corporal. Es parte del autocuidado funcional: mantener en buen estado la estructura que sostiene órganos vitales, que regula funciones básicas y que influye directamente en el bienestar cotidiano.
No hay que esperar a que los síntomas sean graves para actuar. Y no hay que resignarse a ellos cuando ya están presentes.
Una evaluación con un fisioterapeuta especializado puede ser un primer paso muy útil para entender qué está pasando en tu cuerpo y qué puedes hacer al respecto.
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Escrito por el Equipo Editorial de MenoPawse y revisado médicamente por el Dr. Néstor Clavería Centurión
La información en este artículo es estrictamente educativa y no reemplaza la consulta, el diagnóstico o la atención de un profesional de la salud con licencia. Siempre consulta a tu médico antes de tomar decisiones de salud. [Ver Términos y condiciones de uso]


